Corredores fluviales

La Directiva 92/43/CEE, de 21 de mayo de 1992, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres, insta a los estados miembros de la UE a fomentar la gestión de los elementos del paisaje que revistan primordial importancia para la fauna y la flora silvestres. Se trata de aquellos elementos que, por su estructura lineal y continua (como los ríos con sus correspondientes riberas o los sistemas tradicionales de deslinde de los campos), o por su papel de puntos de enlace (como los estanques o los sotos) resultan esenciales para la migración, la distribución geográfica y el intercambio genético de las especies silvestres.

En la legislación española, la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. BOE 299, 14/12/2007 (Modificada por la Ley 33/2015. BOE 227, 22/11/2015) define corredor ecológico como: “el territorio, de extensión y configuración variables, que, debido a su disposición y a su estado de conservación, conecta funcionalmente espacios naturales de singular relevancia para la flora o la fauna silvestres, separados entre sí, permitiendo, entre otros procesos ecológicos, el intercambio genético entre poblaciones de especies silvestres o la migración de especímenes de esas especies” (Ley 42/2007. Art. 3).

De manera semejante, la legislación portuguesa, contempla el concepto de “áreas de continuidad”, en el Artículo 5º del “Regime Jurídico da Conservação da Natureza e da Biodiversidade” DL nº 142/2008, de 24/07 (modificado por Rect. n.º 53-A/2008, de 22/09, DL n.º 242/2015, y DL n.º 42-A/2016, de 12/08). En concreto, estas áreas de continuidad, entre las que se contempla el Dominio Publico Hídrico, serian las que “estabelecem ou salvaguardam a ligação e o intercâmbio genético de populações de espécies selvagens entre as diferentes áreas nucleares de conservação, contribuindo para uma adequada proteção dos recursos naturais e para a promoção da continuidade espacial, da coerência ecológica das áreas classificadas e da conectividade das componentes da biodiversidade em todo o território, bem como para uma adequada integração e desenvolvimento das atividades humanas”.

La preservación de la conectividad y la integridad ecológica de la red de espacios naturales Natura 2000 constituye un requisito legal impuesto por la Directiva Hábitats y por la propia Ley 42/2007. Considerando en ambos casos la importancia de los corredores ecológicos como elementos de unión entre los espacios de alto valor ambiental, las consideradas como zonas núcleo de biodiversidad, representados estos últimos por las áreas protegidas, así como por las áreas que, sin ser designadas legalmente bajo una figura de protección, mantienen una elevada biodiversidad.

 De los distintos tipos de corredores ecológicos que pueden reconocerse en el NW Ibérico (montañosos, fluviales, litorales y marinos), son los corredores fluviales los que de forma más efectiva favorecen el refugio, movimiento y dispersión de un gran número de especies silvestres, pertenecientes a distintos grupos taxonómicos y a distintos tipos de ambientes (terrestres, semiterrestres, acuáticos), sirviendo además de conexión efectiva entre los corredores montanos y las zonas núcleo de biodiversidad, con las establecidas en el espacio litoral y marino.

El concepto de corredor fluvial va aparejado al propio concepto de río, que representa mucho más que una simple masa de agua que circula por un cauce. El corredor fluvial abarca el conjunto del territorio fluvial, es decir, el río en su canal de estiaje, la vegetación de ribera y el espacio que ocupan las aguas durante las crecidas, junto con la cubierta vegetal asociada.

Los corredores fluviales, además de su valor ecológico intrínseco, cumplen dos funciones fundamentales, como conectores ecológicos y como reguladores hidrológicos.

Respecto al valor ecológico, los corredores fluviales albergan ecosistemas asociados al río tanto acuáticos como terrestres y de interfaz entre ambos, configurando un espacio de elevada biodiversidad que funciona como refugio para muchas especies vinculadas al ámbito fluvial. Este valor ecológico ha propiciado la declaración de numerosos Espacios Naturales Protegidos, en especial dentro de la Red Natura 2000, atendiendo a los hábitats y especies de interés comunitario presentes en ellos.

Este valor ecológico singular se ve incrementado por la función fundamental de conectores ecológicos entre ecosistemas acuáticos y terrestres y entre zonas de alto valor ambiental territorialmente alejadas. Esta función reviste una especial importancia al encontrarse muy fragmentados los ecosistemas terrestres por infraestructuras y diversos usos del suelo. En este contexto, los corredores fluviales representan los conectores más válidos, o al menos los más funcionales, para interconectar poblaciones de seres vivos que de otra manera quedarían aisladas.

Finalmente, en su papel de reguladores hidrológicos actúan como laminadores del caudal y de las cargas de sedimento que arrastra el río en periodos de crecida, disipando parte de su energía, reduciendo los daños asociados y recargando los acuíferos. De esta manera, el rio transporta tanto sedimentos hasta las playas como nutrientes a los estuarios y aguas costeras, con los consiguientes beneficios ecológicos y económicos asociados.

Un corredor fluvial incluye distintos medios ecológicos. Por una parte, se encuentran los medios de aguas libres y corrientes, que conforman el curso fluvial; estos medios en el NW de la Península Ibérica pueden estar representados por dos tipos de hábitats de interés comunitario: 3260 Ríos de pisos de planicie a montano con vegetación de Ranunculion fluitantis y de Callitricho-Batrachion y el 3270 Ríos de orillas fangosas con vegetación de Chenopodion rubri p.p. y de Bidention p.p.

Fuera ya del curso fluvial, en condiciones naturales, las orillas y las zonas de inundación periódica aparecen configuradas por distintos tipos de hábitats. Los bosques de galería o riparios, están representados por el tipo de hábitat prioritario 91E0* Bosques aluviales de Alnus glutinosa y Fraxinus excelsior (Alno Padion, Alnion incanae, Salicion albae), el cual muestra distintas designaciones en función de la configuración de las especies arbóreas dominantes: alisedas, fresnedas, saucedas, abedulares, avellanedas, etc., y se sitúa en el contacto con el río. A medida que nos alejamos del curso fluvial aparecen distintas biocenosis arbóreas adaptadas a condiciones de inundación y humedad edáfica, bosques aluviales de abedules y fresnos (abedulares y fresnedas), que se integran igualmente dentro del tipo prioritario 91E0*. En algunos ríos aparecen pequeñas áreas de bosques mixtos de robles, olmos y fresnos que corresponden al hábitat 91F0 Bosques mixtos de Quercus robur, Ulmus laevis, Ulmus minor, Fraxinus excelsior o Fraxinus angustifolia, en las riberas de los grandes ríos (Ulmenion minoris).

Junto a los hábitats arbóreos, el corredor fluvial puede igualmente integrar áreas con vegetación higrófila herbácea (6410 Prados con molinias sobre sustratos calcáreos, turbosos o arcillo-limónicos (Molinion caeruleae), 6420 Prados húmedos mediterráneos de hierbas altas del Molinion-Holoschoenion, 6430 Megaforbios eutrofos hidrófilos de las orlas de llanura y de los pisos montano a alpino), así como pequeños humedales, representados por medios lagunares (3110 Aguas oligotróficas con un contenido de minerales muy bajo de las llanuras arenosas (Littorelletalia uniflorae), 3120 Aguas oligotróficas con un contenido de minerales muy bajo sobre suelos generalmente arenosos del mediterráneo occidental con Isoetes spp, 3130 Aguas estancadas, oligotróficas o mesotróficas con vegetación de Littorelletea uniflorae y/o IsoetoNanojuncetea, 3140 Aguas oligomesotróficas calcáreas con vegetación béntica de Chara spp, 3150 Lagos eutróficos naturales con vegetación Magnopotamion o Hydrocharition, 3160 Lagos y estanques distróficos naturales), matorrales húmedos (4020* Brezales húmedos atlánticos de zonas templadas de Erica cillaris y Erica tetralix) y turberas (91D0* Turberas boscosas, 7110* Turberas altas activas, 7140 «Mires» de transición, 7150 Depresiones sobre sustratos turbosos del Rhynchosporion, 7210* Turberas calcáreas del Cladium mariscus y con especies del Caricion davallianae).

El contacto del corredor fluvial con los bosques climácicos se realiza frecuentemente a través de robledales (9230 Robledales galaico-portugueses de Quercus robur y Quercus pyrenaica) y de otros tipos de bosques climácicos, mientras que el contacto con el medio marino, se realiza a través del estuario (1130 Estuarios) y de las marismas asociadas a estos (1310 Vegetación anual pionera con Salicornia y otras especies de zonas fangosas o arenosas, 1320 Pastizales de Spartina (Spartinion maritimi), 1330 Pastizales salinos atlánticos (Glauco-Puccinellietalia maritimae), 1420 Matorrales halófilos mediterráneos y termoatlánticos (Sarcocornetea fructicosae).

Como consecuencia, los corredores fluviales del NW de la Península Ibérica albergan un total de 25 tipos de hábitat del Anexo I de la DC 92/43/CEE, lo que supone el 35% del total de tipos de hábitat del territorio, y el 11% del total de tipos de hábitat de toda la Unión Europea. Estas cifras resultan muy relevantes, sobre todo teniendo en cuenta que estos corredores suelen estar distribuidos en torno a la trayectoria dibujada por los cauces fluviales y, por tanto, el territorio que ocupan es proporcionalmente reducido en relación a otros tipos de hábitats. La presencia y reparto de esta elevada diversidad de hábitats del Anexo I de la DC 92/43/CEE ha motivado la designación de un ingente conjunto de espacios Natura 2000 en el NW de la Península Ibérica, con el fin de garantizar su mantenimiento o restablecimiento en un estado de conservación favorable.

Representación esquemática de los principales tipos de hábitats de interés comunitario asociados a los corredores fluviales.

En la tabla siguiente se hace una relación de los tipos de hábitats presentes en los corredores fluviales del NW de la Península Ibérica. Para cada uno de ellos se aporta un enlace a su descripción de acuerdo al Manual de Interpretación de los Tipos de Hábitat de la UE, que ha sido traducida en el “Manual de Hábitats de Galicia”, elaborado por el IBADER del Campus Terra de la Universidade de Santiago de Compostela. Se incluye en cada ficha los caracteres diagnósticos, las especies características, áreas de distribución y presencia, presiones y amenazas, estado de conservación, otros hábitats asociados, etc.

FICHAS DE HÁBITATS

 

1130

Estuarios

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1310

Vegetación anual pionera con Salicornia y otras especies de zonas fangosas o arenosas

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1320

Pastizales de Spartina (Spartinion maritimi)

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1330

Pastizales salinos atlánticos (Glauco-Puccinellietalia maritimae)

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1420

Matorrales halófilos mediterráneos y termoatlánticos (Sarcocornetea fructicosae)

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3110

Aguas oligotróficas con un contenido de minerales muy bajo de las llanuras arenosas (Littorelletalia uniflorae)

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3120

Aguas oligotróficas con un contenido de minerales muy bajo sobre suelos generalmente arenosos del mediterráneo occidental con Isoetes spp

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3130

Aguas estancadas, oligotróficas o mesotróficas con vegetación de Littorelletea uniflorae y/o Isoeto-Nanojuncetea

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3140

Aguas oligomesotróficas calcáreas con vegetación béntica de Chara spp

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3150

Lagos eutróficos naturales con vegetación Magnopotamion o Hydrocharition

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3160

Lagos y estanques distróficos naturales

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3260

Ríos de pisos de planicie a montano con vegetación de Ranunculion fluitantis y de Callitricho-Batrachion

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3270

Ríos de orillas fangosas con vegetación de Chenopodion rubri p.p. y de Bidention p.p.

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4020*

Brezales húmedos atlánticos de zonas templadas de Erica cillaris y Erica tetralix

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6410

Prados con molinias sobre sustratos calcáreos, turbosos o arcillo-limónicos (Molinion caeruleae)

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6420

Prados húmedos mediterráneos de hierbas altas del Molinion-Holoschoenion

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6430

Megaforbios eutrofos hidrófilos de las orlas de llanura y de los pisos montano a alpino)

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7110*

Turberas altas activas

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7140

«Mires» de transición

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7150

Depresiones sobre sustratos turbosos del Rhynchosporion

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7210*

Turberas calcáreas del Cladium mariscus y con especies del Caricion davallianae

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91D0*

Turberas boscosas

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91E0*

Bosques aluviales de Alnus glutinosa y Fraxinus excelsior (Alno-Padion, Alnion incanae, Salicion albae)

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91F0

Bosques mixtos de Quercus robur, Ulmus laevis, Ulmus minor, Fraxinus excelsior o Fraxinus angustifolia, en las riberas de los grandes ríos (Ulmenion minoris)

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9230

Robledales galaico-portugueses de Quercus robur y Quercus pyrenaica

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Los corredores fluviales constituyen uno de los principales reservorios de diversidad de especies silvestres de flora y fauna de nuestros territorios. Los ambientes fluviales, que comprenden tanto las aguas corrientes como los ecosistemas de las riberas y llanuras aluviales, posibilitan el establecimiento de especies propias de estos ambientes, que no pueden ser encontradas en otros medios, lo que confiere a los corredores fluviales un papel estratégico a la hora de determinar la conservación de dichas especies. En el caso concreto de los tramos fluviales del NW Ibérico, éstos muestran probablemente la mejor representación de bosques aluviales y de galería de la Península Ibérica, destacando algunos de los bosques de ribera que poseen más de 60 especies características de ambientes nemorales, como muestra del importante papel que juegan como hábitat para una rica y nutrida diversidad de especies de flora, pero también de fauna. Entre las mismas, cabe destacar un amplio conjunto de especies consideradas de interés para la conservación, motivo por el cual han sido incluidas dentro de los anexos de las Directivas Hábitat (92/43/CEE) y Aves (DC 2009/147/CE), así como en los catálogos nacionales y regionales de España y Portugal.

Entre las especies de flora de los corredores fluviales, cabe destacar el ejemplo de tres helechos de interés para la conservación de la biodiversidad, que han sido incluidos en los Anexos II y IV de la DC 92/43/CEE, que son el helecho de los colchoneros (Culcita macrocarpa), la helechilla (Vandenboschia speciosa) y la píjara (Woodwardia radicans). Estas especies se consideran relictos paleotropicales que han permanecido en los territorios atlánticos del NW de la Península Ibérica, lo que refuerza su consideración como elementos de gran interés para la conservación de los valores naturales del territorio. Otros helechos relevantes son Isoetes fluitans, especie acuática indicadora de aguas oligotróficas y bien oxigenadas, que ha sido catalogado En Peligro de Extinción en el Catálogo Gallego de Especies Amenazadas (Decreto 88/2007), así como Dryopteris aemula y D. guanchica, pteridófitos presentes en las riberas fluviales que han sido catalogados como Vulnerables en Galicia, o Dryopteris corleyi, de Interés Especial en Asturias.

Los musgos y líquenes también son grupos bien representados en los corredores fluviales, con algunas especies acuáticas de interés, así como muchas otras que viven en los árboles (epífitas) y afloramientos rocosos de las riberas fluviales. Claro ejemplo son Hamatocaulis vernicosus (incluida en el Anexo II de la DC 92/43/CEE), Leptogium cochleatum, que ha sido catalogada En Peligro de Extinción, o las especies Vulnerables Cephalozia crassifolia, Chiloscyphus fragrans, Cryphaea lamyana, Cyclodictyon laetevirens, Fontinalis squamosa, Lepidozia cupressina, Metzgeria temperata, Pseudocyphellaria aurata, Radula holtii, Schistotega pennata, Telaranea nematodes y Ulota calvescens.

Entre las angiospermas de interés para la conservación presentes en los corredores fluviales, cabe resaltar los narcisos (Narcissus. cyclamineus, N. pseudonarcissus nobilis, N. triandrus), así como la especie acuática Luronium natans, todas ellas incluidas en los Anexos II y IV de la DC 92/43/CEE, y la ciperácea higrófila Rhynchospora modesti-lucennoi (catalogada como amenazada, IUCN). Entre las especies restantes, cabe destacar Callitriche palustris y Nymphoides peltata, catalogadas En Peligro de Extinción en Galicia, así como Cardamine raphanifolia gallaecica y Carex hostiana, Vulnerables en Galicia, Thelypteris palustris, Vulnerable en Asturias, y Carex vesicaria, que registra en Lagoas de Bertiandos una de las dos únicas poblaciones de Portugal.

Entre las especies animales de interés que se encuentran vinculadas a los corredores fluviales, los invertebrados son sin duda un grupo relevante. Quizá uno de los órdenes más vinculados es el de los odonatos, dado que su fase ninfal es acuática, mientras que el resto de su ciclo vital se encuentra fuertemente ligado a las riberas fluviales. En los corredores del NW de la Península Ibérica se encuentran Macromia splendens, Oxygastra curtisii, Gomphus graslinii y Coenagrion mercuriale, incluidas en el Anexo II de la DC 92/43/CEE (adicionalmente las tres primeras se incluyen también en el Anexo IV de la DC 92/43/CEE), considerándose a M. splendens como En Peligro de Extinción, mientras que O. curtisii ha sido catalogada como Vulnerable. Los bivalvos acuáticos también son relevantes en el ámbito de los corredores fluviales, destacando Margaritifera margaritifera (incluida en el Anexo II de la DC 92/43/CEE, catalogada En Peligro de Extinción), y Unio delphinus (catalogada como Vulnerable en Galicia). Entre los crustáceos dulceacuícolas destaca el cangrejo Austropotamobius pallipes, incluido en el Anexo II de la DC 92/43/CEE y catalogado En Peligro de Extinción en Galicia. Otras especies de invertebrados de interés comunitario (incluidas en el Anexo II de la DC 92/43/CEE) presentes en los corredores fluviales, y cuya presencia y necesidad de conservación han sido tenidas en cuenta a la hora de designar y delimitar espacios Natura 2000, son el caracol Elona quimperiana, la babosa Geomalacus maculosus, el escarabajo Lucanus cervus y la mariposa Euphydryas aurinia.

La presencia de especies de peces de interés para la conservación en los corredores fluviales es indicativa del valor que éstos poseen para la conservación de los recursos naturales y la biodiversidad. Son especialmente destacables las especies migratorias, que indican la importancia de los corredores fluviales para la migración, la distribución geográfica y el intercambio genético de las especies silvestres. Entre éstas cabe destacar Alosa alosa, A. fallax, Petromyzon marinus y Salmo salar, todas ellas incluidas en el Anexo II de la DC 92/43/CEE. Sin olvidar a la anguila europea (Anguilla anguilla) especie migratoria catádroma, con un complejo ciclo biológico, considerada “en peligro crítico” en la Lista Roja de la UICN. Además, en los tramos medios se encuentran presentes otras especies como Achondrostoma arcasii, Pseudochondrostoma duriense (incluidas en el Anexo II de la DC 92/43/CEE) y Gasterosteus aculeatus (catalogada Vulnerable en Galicia).

Los anfibios son especies muy ligadas a los ámbitos fluviales, debido a la vinculación total o parcial de su ciclo vital a los medios acuáticos. Entre las especies de anfibios de interés para la conservación ligadas a los corredores fluviales, cabe destacar las incluidas en el Anexo II de la DC 92/43/CEE (Chioglossa lusitanica, Discoglossus galganoi), así como un vasto elenco de especies incluidas en los diferentes catálogos de especies amenazadas bajo la categoría Vulnerable (Alytes obstetricans, Hyla molleri, Lissotriton boscai, L. helveticus, Pelobates cultripes, Pelodytes punctatus, Pelophylax perezi, Rana iberica, R. temporaria, Salamandra salamandra, Triturus marmoratus).

Los reptiles también se encuentran presentes en el ámbito de los corredores fluviales, ya sea con especies de hábitos acuáticos, o con especies que viven en las zonas ribereñas. Entre las primeras es posible citar la presencia de Emys orbicularis (incluida en los anexos II y IV de la DC 92/43/CEE y catalogada En Peligro de Extinción en Galicia), Mauremys leprosa (incluida en los anexos II y IV de la DC 92/43/CEE) así como Natrix maura, N. natrix (incluidas en el Listado Español de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial). Con respecto a las especies de reptiles que es posible encontrar en la ribera, destacan aquéllas incluidas en los Anexos II y IV de la DC 92/43/CEE, como Iberolacerta monticola o Lacerta schreiberi, y otras catalogadas como Zootoca vivipara (considerada Vulnerable en Galicia).

Las aves son el grupo de vertebrados que cuenta con el mayor número de taxones de interés para la conservación en los corredores fluviales del NW de la Península Ibérica. Entre las especies del Anexo I de la DC 2009/147/CE (cuya presencia determina la delimitación de las ZEPA de la Red Natura 2000) registrados en este territorio destacan Alcedo atthis, Ciconia ciconia, Egretta alba, Falco pereginus, Himantopus himantopus, Ixobrychus minutus, Milvus migrans, Nycticorax nycticorax, Pyrrhocorax pyrrhocorax y Tringa glareola. No obstante, también se encuentran presentes especies incluidas en los distintos catálogos, como Emberiza schoeniclus lusitanica, Gallinago gallinago, Numenius arquata, Phalacrocorax aristotelis y Vanellus vanellus, así como especies incluidas en el Listado Español de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial como Acrocephalus arundinaceus, Ardea cinerea, Cinclus cinclus, Delichon urbica, Erithacus rubecula, Falco subbuteo, Hirundo daurica, Jynx torquilla, Limosa limosa, Muscicapa striata, Otus scops, Phylloscopus collybita, Riparia riparia, Saxicola torquata o Tringa ochropus, entre muchas otras.

Los corredores fluviales albergan igualmente una interesante fauna de mamíferos de interés para la conservación, incluidos tanto en los anexos de la DC 92/43/CEE como en los diferentes catálogos nacionales y regionales del NW de la Península Ibérica. Entre los mamíferos de hábitos acuáticos se ha citado la presencia de Galemys pyrenaicus y Lutra lutra (incluidas en los Anexos II y IV de la DC 92/43/CEE), de los cuales el primero ha sido catalogado como Vulnerable en España. Entre los mamíferos presentes en la ribera fluvial, cabe destacar el grupo de los quirópteros, que alberga varias especies de murciélagos protegidos (Eptesicus serotinus, Myotis daubentonii, Nyctalus neisleri o Rhinolophus hipposideros), así como otras especies de hábitos ribereños también catalogadas, como Felis silvestris o Mustela erminea.

La presencia de esta elevada diversidad de especies en los corredores fluviales del NW de la Península Ibérica ha favorecido la designación de un numeroso conjunto de espacios Natura 2000 (LIC, ZEC, ZEPA), con el fin de garantizar su mantenimiento o restablecimiento en un estado de conservación favorable.

Son numerosos los componentes del patrimonio cultural material vinculados a los corredores fluviales que se conservan en el NW Ibérico y especialmente en las cuencas y subcuencas donde se desarrolla el LIFE Fluvial. Los elementos más representativos se corresponden con antiguos emplazamientos humanos establecidos estratégicamente próximos a los corredores fluviales, de los que se proveen de agua, pesca, madera y forrajes. De estos antiguos emplazamientos surgirán posteriormente las villas y ciudades, integrando en muchas ocasiones en su desarrollo urbano a los propios corredores.

El uso de la corriente fluvial para impulsar variados ingenios se remonta también a épocas antiguas, surgiendo, así, distintos tipos de molinos, batanes, mazos y herrerías. Estos dispositivos se basan en el aprovechamiento de la energía cinética de la corriente de agua para su conversión a energía mecánica que permita la molienda de materiales diversos (especialmente cereales), la transformación de distintos tipos de tejidos, el moldeado de piezas de hierro, el pulido y afilado de herramientas, el torneado de piezas de madera, etc. En definitiva, se trata de ingeniosas instalaciones tradicionales que se fueron adaptando a las condiciones del medio fluvial, a los conocimientos técnicos y a la demanda de los mercados locales.

Otro elemento cultural de gran relevancia es el constituido por los puentes, los más antiguos vinculados a la llegada de los romanos, aunque los más frecuentes fueron construidos y reconstruidos en tiempos posteriores, durante la Edad Media o la Edad Moderna, que cohabitan en la actualidad con puentes de fábrica y estilo contemporáneo. Existen también puentes menos monumentales construidos para satisfacer las necesidades de las poblaciones locales, bien empleando piedra o combinando esta con madera. En relación con los puentes se conservan todavía muchos topónimos con el apelativo de “Puertos”, que nos indican las áreas empleadas para vadear los cursos fluviales, ya fuese con ayuda de pequeñas barcas o cruzando con carros o caballerías.

Las barcas fluviales, hoy en día un elemento etnográfico, fueron hasta la segunda mitad del siglo XX un medio de comunicación esencial para el tráfico de personas y mercancías. En algunas subcuencas, como en la cuenca alta del río Miño, la embarcación tradicional (el batuxo) ha sido empleada como herramienta sostenible para la retirada de especies exóticas invasoras del cauce fluvial. Esto ha posibilitado, por una parte, la recuperación y promoción del patrimonio etnobiológico del territorio y, por otra, la puesta en marcha de una actuación de conservación del patrimonio natural en la que se ha obviado el empleo de herramientas mecanizadas o de embarcaciones a motor, implementando una experiencia nada agresiva con el medio acuático.

Igualmente ligadas a la presencia de corredores fluviales, es posible identificar numerosas fuentes que pueden ser enmarcadas dentro de la cultura popular. Los tipos constructivos son muy heterogéneos, desde simples caños de agua a estructuras de mayor sofisticación. Las fuentes suelen estar muy vinculadas a la cultura popular y a las leyendas (apariciones y episodios milagrosos, poderes curativos, etc.), aunque también poseen un importante valor histórico y artístico.

La abundancia de peces generó igualmente todo tipo de artilugios para su captura. Los arpones, flechas y redes fueron ya empleados con destreza por los antiguos pobladores, para posteriormente difundirse las pesquerías. Algunos autores han vinculado la aparición de esta práctica con la romanización, aunque no existen datos fehacientes para mantener esta formulación, por lo que podrían ser de origen posterior, posiblemente de la Edad Media, época en que quedan documentadas en distintos archivos. Las pesquerías (pesco, pesqueras) se asentaban generalmente sobre un resalte rocoso existente en el lecho fluvial, sobre el que se construían muros (guiares) en forma de “v” que concentraban el agua y los peces hacia su interior, para verter por unas pequeñas bocas (bocas o pías), en las que se armaban las redes. Este tipo de pesca se alejaba de cualquier criterio de sostenibilidad, suministrando una importante cantidad de peces a su propietario, que generalmente se identificaba con un noble o con la iglesia.

Es igualmente muy relevante el patrimonio inmaterial vinculado a los cursos fluviales que se ha conservado en las cuencas hidrográficas del NW Ibérico. Leyendas, fábulas y cuentos incorporan elementos comunes con otros territorios ibéricos y europeos, pero también elementos propios y diferenciales. Igualmente el conjunto de usos, representaciones, conocimientos y técnicas relacionados con los corredores fluviales, incluyendo los instrumentos, artefactos y espacios que les son inherentes, transmitidos de generación en generación, y recreados en función del ámbito fluvial, su interacción con el medio acuático y la historia del territorio que los rodea, imprimiendo un sentimiento de identidad propia en el que el corredor fluvial, actúa como nexo de unión y catalizador para la evocación de las tradiciones seculares.

Los corredores fluviales, y especialmente los ríos, fueron y siguen siendo inspiración para muchos escritos y artistas. Alvaro Cunqueiro [1911,1981] se refería a Galicia como el “país de los mil ríos”, mientras que Manuel María Fernández Teixeiro [1929,2004], cantó al Miño, al Pais dos Rios Galegos, así como a los cursos que recorren la Terra Chá lucense en distintos poemas.

Meus amadisimos peixes, ordenados

en tribos, provincias e naciós:

salmós, troitas, anguías,

escalos, sábalos, lampreas

e ainda o recente blas-blas…

Morades en casais, parroquias,

vilas e cidades que os humanos

non ollan nin descobren:

só a vós

vos falo pois quero sementar

no voso leve e delicado corazón

a flor marabillosa do amor.

Coidade dos fondos subacuáticos

e non deixedes luxar endexamais

a pureza das augas cristalinas.

Confederádevos xa coas galiñoas,

cabaliños do demo, parrulos,

arceas e lavancos:

loitade ferozmente

contra tanta polución envelenada

que vos asasina sin piedade

e destrúe a beleza dos ríos

e a perfecta fermosura do mundo.

Defendede ata a morte o voso reino:

¡fuxide das mortíferas nasas,

das invisibeis, enganosas redes,

das cordas, dos anzois, da dinamita

e habitade en paz eternamente

a marabillosa luz das ondas libres!

Manuel María Fernández Teixeiro:

O MIÑO canle de luz e de néboa.

Poema: Proclama os peixes do Miño

Los corredores fluviales no son sólo elementos fundamentales para la salvaguarda de la biodiversidad a corto y largo plazo, sino que son espacios multifuncionales capaces de proporcionar valiosos beneficios al ser humano que afectan directa e indirectamente a nuestra (calidad de) vida. De hecho, el ser humano es parte integral de estos sistemas. Los denominados servicios ecosistémicos asociados a los corredores fluviales son los beneficios que las personas obtenemos de ellos, de manera que su estado y funcionamiento ecológico y ambiental se traduce en un gran número de bienes y servicios que se suelen clasificar como de abastecimiento, de regulación y culturales.

Los ecosistemas forestales, particularmente los bosques higrófilos asociados a riberas fluviales y colas de los estuarios, constituyen, junto con los ecosistemas acuáticos, el corazón de los corredores fluviales del NW Ibérico. De hecho, los bosques húmedos incluyen los hábitats de mayor relevancia dentro del proyecto LIFE Fluvial y resultan de gran importancia para la conservación de la biodiversidad, que es la fuente, a su vez, de muchos bienes (madera y leñas, recursos genéticos, etc.); de esta manera, los cambios en la biodiversidad que albergan estos bosques influirá en la oferta de servicios ecosistémicos que prestan a nuestra sociedad.

Los de regulación son, sin duda, los servicios ecosistémicos más importantes prestados por todo este complejo fluvial. Destaca especialmente la regulación de la capacidad de autodepuración del sistema ecológico (incluyendo la regulación de la calidad del aire-agua-suelo, del ciclo hidrológico, del cambio climático y del ciclo de nutrientes) y de la regulación biológica (regulación de plagas), de especial importancia para la salud humana. Además, proveen otros servicios relacionados con los ciclos de vida propios de estos medios (vivero y criadero de especies, provisión de hábitat) y con la capacidad de amortiguación de inundaciones y tormentas. Con respecto a los servicios de abastecimiento o provisión, en la actualidad estos ecosistemas proporcionan agua en cantidad y calidad a los usos urbanos (residenciales, comerciales, industriales, públicos) y a otros como los agroganaderos, la producción de energía o el ocio (baño, pesca recreativa, etc.), así como maderas y leñas. En cuanto a los servicios culturales, los ecosistemas acuáticos son objeto de una intensa actividad piscícola, como prueba del excelente estado de sus aguas y por tanto de las poblaciones ictícolas que albergan; mientras que los ecosistemas forestales que conforman las riberas arboladas en torno a los cursos fluviales cumplen un amplio abanico de funciones relacionadas con el disfrute y el ocio de proximidad al aire libre, la mejora estética y paisajística en las inmediaciones de núcleos poblados, el deporte y el turismo de naturaleza, la observación ornitológica, la educación e interpretación ambiental y del patrimonio cultural ligados históricamente a estos sistemas.

En ocasiones, la sobreexplotación o intensificación de ciertos servicios de provisión o el aprovechamiento insostenible de ciertos servicios culturales asociados al uso público del sistema fluvial han provocado una merma en la provisión de los servicios de regulación y en los valores de la biodiversidad albergada por el territorio. Por ejemplo, las prácticas abusivas en la extracción de madera pueden llegar a provocar graves afecciones sobre el estado de conservación de los ecosistemas arbolados. La intensificación del uso de las riberas, eliminando los hábitats naturales (bosques de ribera, megaforbios, etc.) para establecer repoblaciones forestales productivas o pastizales de producción forrajera, perjudica significativamente los valores naturales de los corredores fluviales. Igualmente, la eliminación de los hábitats naturales para el establecimiento de instalaciones e infraestructuras de esparcimiento (baño, playas fluviales, áreas recreativas, etc.) conlleva también una afección negativa sobre la capacidad de regulación del corredor fluvial, y en consecuencia de la provisión de este tipo de servicios ecosistémicos. Por otra parte, una actividad pesquera excesiva o la construcción de obstáculos para fines diversos, contribuyen a la disminución de las poblaciones de diversas especies ictícolas. En definitiva, la promoción de los servicios de provisión o culturales no puede ser realizada a costa de una pérdida de la multifuncionalidad de estos sistemas, de perjudicar sus servicios de regulación (claves en nuestro bienestar, seguridad pública y salud), ni tampoco a cambio de una pérdida acelerada de los componentes clave de la biodiversidad del territorio.

El uso ancestral de los corredores fluviales por parte del ser humano condujo en muchos casos a la reducción de las biocenosis arbóreas y arbustivas por formaciones herbáceas destinadas a su aprovechamiento ganadero, configurando distintos sistemas de prados de siega (6510 Prados pobres de siega de baja altitud (Alopecurus pratensis, Sanguisorba officinalis), 6520 Prados de siega de montaña) y prados de diente húmedos (6410 Prados con molinias sobre sustratos calcáreos, turbosos o arcillo-limónicos (Molinion caeruleae), 6420 Prados húmedos mediterráneos de hierbas altas del Molinion-Holoschoenion). En las últimas décadas muchos de los corredores fluviales se han visto afectados por la plantación o incluso invasión de especies arbóreas exóticas (Populus spp. Eucalyptus spp. Pinus spp.), expandiéndose tanto sobre antiguas superficies de prados de siega y de diente, como sobre áreas ocupadas por bosques húmedos y humedales.

Adicionalmente, hay que tener en cuenta que la alteración del equilibrio entre el caudal y el transporte de sedimentos que provocan algunas actuaciones artificiales (presas, canalizaciones, azudes, derivaciones de agua, puentes) también repercute en las características de las comunidades biológicas asentadas en el medio fluvial.

En este sentido, desde la promulgación de la Directiva Marco del Agua 2000/60/CEE se ha avanzado en el estudio de las repercusiones de la actividad humana en el estado de las aguas en Europa y las administraciones han dedicado un gran esfuerzo para identificar el riesgo de incumplimiento de los objetivos medioambientales a través del análisis de presiones, impactos y riesgos en los cursos fluviales. La DMA tiene como objetivo alcanzar el buen estado de las masas de agua tanto en su aspecto ecológico como químico.

El buen estado ecológico depende de los elementos biológicos, pero también de los hidromorfológicos,  fisicoquímicos y químicos de soporte a los biológicos.

6.1. Alteraciones hidromorfológicas

La construcción de presas y azudes puede afectar significativamente a la continuidad del corredor fluvial. Por un lado, aguas arriba se crea un medio de aguas estancadas y generalmente profundo, que difiere sustancialmente de las condiciones biológicas e hidrológicas que definen un ecosistema de aguas corrientes. Por otro lado, aguas abajo se modifican las características de la lámina de agua y sobre todo del tránsito de sedimentos. Como consecuencia de este desequilibrio entre caudal líquido y sólido, el río reacciona a corto y medio plazo con reajustes morfológicos, como aterramientos del canal, erosiones de orilla, encajamientos del lecho, descalzado de puentes o cambios en la alternancia de rápidos y pozos, entre otros. Estas transformaciones repercuten a su vez en la posición del nivel freático, en la peligrosidad de las inundaciones y en características de la lámina de agua, como temperatura y oxigenación, alteraciones que repercutirán en los ecosistemas fluviales asociados y que llegan a resultar incompatibles para el desarrollo de muchas de las especies tanto animales como vegetales, características de los corredores fluviales, provocando su desaparición de los tramos afectados.

Esta situación se percibe de forma nítida en la cuenca del Miño al comparar la biodiversidad que poseen los corredores fluviales de la Cuenca Alta (Terra Chá) y Baja (Baixo Miño), frente a los de la Cuenca Media, que alberga una sucesión de grandes embalses. Así, especies como Nymphoides peltata, incluida en el Catalogo Gallego de Especies Amenazadas en la categoría de En Peligro de Extinción, mostraba antes de la construcción de los embalses un área de distribución continua a lo largo de los distintos tramos de la cuenca del Miño, pero tras la construcción de los embalses, ha desaparecido de la Cuenca Media, quedando sus poblaciones de la Cuenca Alta y Baja inconexas. Situación semejante ocurre con el salmón atlántico (Salmo salar) o la lamprea (Petromyzon marinus), que antes de la construcción de las grandes presas del Miño, subían hasta el tramo próximo a la ciudad de Lugo, quedando en la actualidad restringidas al Baixo Miño. No solo los azudes para aprovechamiento hidroeléctrico alteran el corredor fluvial, ya que pequeños azudes vinculados con antiguas pesquerías, derivaciones agrícolas y molinos pueden también tener un efecto negativo sobre el régimen hidroecológico y sobre la distribución y el estado de conservación de determinadas especies. En estos casos deben valorarse las actuaciones a realizar para garantizar la coexistencia de los valores culturales, biológicos y ecológicos, recuperando la función de conectividad ecológica o hidrológica de los corredores fluviales.

En los medios embalsados, es fundamental favorecer una configuración adecuada, especialmente en la zona de contacto entre el área cubierta por las aguas y la franja ribereña, así como la variación temporal de la propia lámina de agua, para tratar de paliar la pérdida de biodiversidad generada por estos aprovechamientos hidráulicos. Y en el mismo sentido resulta crucial la propia configuración de las riberas y especialmente las áreas de contacto entre los cauces temporales o permanentes que vierten al embalse.

La pérdida de naturalidad y la merma en el estado ecológico de los corredores fluviales se relacionan también con distintas obras hidráulicas, especialmente en aquellos casos en que los cursos fluviales son alterados por canalizaciones que rectifican su trazado y modifican su anchura, llegando en ocasiones al soterramiento de tramos mediante entubaciones. Los efectos en la dinámica fluvial derivados de estas obras son similares a los indicados para el caso de los embalses, aunque su impacto se agrava cuando las fijaciones de orilla o del lecho son de hormigón o escollera cementada, ya que su carácter impermeable reduce la posición del nivel freático, el intercambio de flujos con el acuífero aluvial así como el efecto amortiguador de la llanura ante avenidas.

Este tipo de actuaciones alteran el equilibrio del corredor fluvial, obligando al sistema a modificar sus procesos de erosión y sedimentación, alterando la conectividad longitudinal, vertical y lateral, tanto en el tramo afectado directamente por la estructura como aguas arriba y abajo de la misma. El poder de la corriente y los calados durante las avenidas también se verán modificados, causando muchas veces una intensificación de los procesos erosivos.

6.2. Alteración de las características fisicoquímicas

Otro factor negativo sobre los corredores fluviales viene determinado por la calidad de las aguas superficiales. Aunque en los últimos años se ha realizado un importante esfuerzo dotando de depuración a la mayoría de los grandes núcleos poblacionales, el estado fisicoquímico de las aguas superficiales sigue siendo mejorable en muchos tramos, que reciben agua insuficientemente tratada, o sin tratamiento, así como una carga continua de contaminación difusa derivada de actividades del sector primario (purines, fertilizantes, etc.), lo que supone en muchos casos una excesiva carga de nutrientes con consecuencias directas sobre la oxigenación del agua. También actividades de producción energética o industriales pueden afectar negativamente al pH y temperatura del agua, así como al oxígeno disuelto. Estas presiones pueden llegar a afectar al estado ecológico de la masa de agua que las sufre.

6.3. Alteración de las características químicas del agua

Además de los vertidos de nutrientes o térmicos, las actividades industriales, mineras (también pasadas) e incluso algunas prácticas agroganaderas pueden alterar las características químicas del agua, por vertidos significativos de contaminantes específicos (que afectarían al estado ecológico) e incrementos de sustancias prioritarias y otros contaminantes por encima de las normas de calidad ambiental (que afectarían al estado químico).

6.4. Presiones por uso

La urbanización e industrialización de los terrenos aluviales no sólo conlleva la eliminación de hábitats naturales, sino que la impermeabilización del suelo disminuye la infiltración, con el consecuente aumento de la cantidad y velocidad de la escorrentía superficial. Estas transformaciones derivan en un aumento de los picos de la avenida y un acortamiento de los tiempos de respuesta, aumentando con ello el riesgo de inundación.

Adicionalmente, la transformación del tramo fluvial a una playa recreativa representa una actividad cada vez más frecuente. Este proceso lleva aparejada la alteración de los biotopos y la eliminación o reducción de las biocenosis naturales y seminaturales. La actuación resulta dramática cuando la pretendida playa fluvial se proyecta en tramos de alto valor ambiental, con presencia de especies endémicas o protegidas en los cauces o en las riberas, cuya persistencia en un estado de conservación favorable resulta incompatible con las actividades lúdicas y con el mantenimiento de la propia playa fluvial.

6.5. Especies Exóticas Invasoras

Las características ecológicas de los corredores fluviales, tales como la dinámica fluvial de las crecidas, provocan un régimen natural de perturbaciones físicas que determinan que sean también medios muy susceptibles de ser invadidos por especies exóticas. Por un lado, el régimen hidrológico natural favorece la movilización de sedimentos permitiendo la creación de depósitos disponibles para la colonización de plantas y, por otro, algunas especies emplean los propios corredores como áreas de expansión, logrando de este modo invadir de forma eficiente otros territorios distintos a aquellos en los que se habían establecido inicialmente.

Entre las especies invasoras presentes en los corredores fluviales del NW Ibérico se pueden indicar las cultivadas en las zonas próximas al corredor fluvial o en el seno de estos (Acacia, Robinia, Pinus, Eucalyptus, Arundo, Bambusoideae, Bromus willdenowii, Lolium x boucheanum, Dactylis glomerata subsp glomerata, etc.), y cuyos propágulos han logrado establecer y desarrollarse sin necesidad de la acción del hombre, invadiendo distintas áreas del corredor fluvial, o incluso han logrado expandirse hacia otros territorios.

Un número importante de plantas exóticas invasoras proviene de plantas establecidas en jardines públicos o privados, así como de áreas ajardinadas de infraestructuras lineales (Ailanthus altissima, Arctotheca calendula, Buddleja davidii, Cortaderia selloana, Crocosmia x crocosmiiflora, Helichrysum petiolare, Lonicera japonica, Reynoutria japonica, Sporobolus indicus, Stenotaphrum secundatum, Tradescantia fluminensis, Vinca difformis, Vinca major, Yucca gloriosa, Zantedeschia aethiopica, etc.). De nuevo los propágulos (semillas, frutos, rizomas), generados por estos individuos determinan la aparición de nuevas poblaciones que provocarán la invasión de los corredores fluviales. En algunos casos estos propágulos iniciales se corresponden con vástagos obtenidos en la poda de los jardines (Calendula officinalis, Canna indica, Crocosmia x crocosmiiflora, Ipomoea acumina, Ipomoea purpurea, Opuntia sp., Reynoutria japonica, Salix babylonica, Yucca gloriosa, etc.) que son depositados irregularmente en los corredores fluviales o en áreas próximas a éstos, donde logran establecerse y posteriormente expandirse territorialmente.

La presencia de Alnus incana, Prunus serotina o Celtis australis está relacionada con restauraciones ambientales planificadas y/o ejecutadas de forma deficiente, al utilizar como material de revegetación especies exóticas en lugar de nativas. Éstas posteriormente han logrado naturalizarse y ocupar nuevas áreas. Vinculada con este mismo tipo de actuaciones se encuentra la vía de introducción del oomiceto acuático Phytophthora x alni, agente patógeno que está afectando a las alisedas en toda la Unión Europea, y que en el NW Ibérico ha sido la causa de la mortandad generalizada del aliso (Alnus glutinosa), registrada en estos últimos 10 años especialmente en Galicia, y más recientemente en otras áreas del NW Ibérico.

El medio acuático de los corredores fluviales del NW Ibérico no es ajeno a la afección causada por las especies exóticas invasoras, cuya presencia y dispersión está relacionada con sueltas de plantas y animales criados en terrarios y acuarios domésticos, o bien por escapes desde centros de producción, viveros o zoológicos. Representativos de este grupo encontramos desde helechos acuáticos (Azolla spp.) y plantas acuáticas empleadas en acuicultura (Elodea canadensis, Egeria densa, Eichhornia crassipes, Myriophyllum aquaticum), hasta mamíferos de granjas (Neovison vison) o centros zoológicos (Procyon lotor), pasando por peces (Carassius auratus, Poecilia reticulata) y reptiles (Trachemys scripta) procedentes de acuarios y terrarios. A ellas habría que añadir otras especies cuya presencia es consecuencia de políticas anticuadas de control sanitario (Gambusia holbrooki) o de su uso con fines recreativos (Onchorynchus mykiss, Micropercus salmoides, Procambarus clarkii) y sus traslocaciones posteriores ilegales, además de nuevas introducciones ilegales en el medio acuático).

Las actividades de uso público favorecen en muchos casos la dispersión de propágulos de especies exóticas que son transportados inintencionadamente en el calzado y la ropa, el pelo de animales de compañía y caballerías (Bidens ssp., Conyza ssp., Sporobolus indicus, Stenotaphrum secundatum), así como de forma muy significativa en vehículos y embarcaciones. En relación con estos últimos vectores, es conocida su vinculación con la dispersión del mejillón cebra (Dreissena polymorpha) en distintas cuencas de la Península Ibérica, sin reportarse hasta la fecha su presencia en el NW Ibérico. Derivada de las actividades de uso público existe otra vía para favorecer la introducción y difusión de las especies exóticas invasoras, a través de la ejecución continua de desbroces y eliminación de la vegetación en los márgenes de caminos y sendas, actuación que crea medios perturbados temporalmente que son susceptibles de ser fácilmente colonizados por plantas exóticas invasoras, proceso que se ve favorecido con la introducción accidental de sus propágulos a través del calzado, la ropa o las herramientas de los operarios.

El objetivo general del LIFE Fluvial es la mejora del estado de conservación de corredores fluviales atlánticos en la Red Natura 2000. Para este propósito, el proyecto desarrolla una serie de actuaciones en varias cuencas fluviales atlánticas del NO de la Península Ibérica (España y Portugal), donde diversos factores de amenaza generan el deterioro y fragmentación de los hábitats de los corredores fluviales. Estas amenazas inciden sobre la calidad y continuidad de los bosques higrófilos, hábitat principal al que va dirigido el proyecto, considerado de carácter prioritario (91E0* Bosques aluviales con Alnus glutinosa y Fraxinus excelsior) y pieza clave en el mantenimiento de la composición, estructura y funcionalidad de los corredores fluviales. Además, el proyecto considera otro hábitat objetivo: 9230 Robledales galaico-portugueses con Quercus robur y Quercus pyrenaica, que representa la continuidad con el tipo de hábitat 91E0*.

Para alcanzar este objetivo, el proyecto plantea el desarrollo de un modelo transnacional de gestión sostenible de corredores fluviales para la mejora de su estado de conservación, mediante la restauración de la composición, estructura y funcionalidad de sus tipos de hábitats, la mejora de la conectividad y la reducción de la fragmentación. Al mismo tiempo, se pretende contribuir al conocimiento, por parte de la sociedad, de los corredores fluviales y los problemas que les afectan, llevando esta información ante la opinión pública, las poblaciones ribereñas, los distintos agentes sociales y los gestores del territorio.

Los principales aspectos que recoge esta estrategia son los siguientes:

  • Control de flora exótica e invasora
  • Mejora del estado fitosanitario de los corredores fluviales, mediante la retirada parcial de árboles infectados por
  • Difusión y sensibilización de los valores naturales, beneficios socioeconómicos y servicios ecosistémicos prestados por los corredores fluviales
  • Mejora de la formación y capacitación técnica de los agentes implicados en la gestión y conservación de los corredores fluviales

A partir de aquí, el proyecto se estructura en los siguientes tipos de acciones:

  1. Acciones preparatorias. Evaluación previa de los enclaves de actuación, indicadores comunes para el seguimiento, planificación técnica de las acciones, proyecto de expropiación.
  2. Adquisición de terrenos. Adquisición, mediante expropiación, de terrenos colindantes con la ribera fluvioestuarina en el municipio de Ribadeo (Galicia), con el fin de naturalizar dichos terrenos mediante la eliminación de plantaciones de eucalipto y la restauración de los hábitats naturales.
  3. Acciones de conservación. Se definen 8 acciones de conservación en 9 espacios Natura 2000 de España y Portugal distribuidos por los tramos altos, medios y bajos de cinco cuencas fluviales, para la mejora del estado de conservación de los hábitats de corredores fluviales, principalmente del tipo 91E0*. Las tareas incluidas en estas acciones son: control de especies invasoras, eliminación de alisos muertos, restauración de cubierta vegetal natural.
  4. Acciones de monitorización. Acciones de seguimiento para medir el impacto del proyecto sobre los hábitats objetivo, para evaluar el impacto socioeconómico del proyecto, para valorar el impacto del proyecto sobre las funciones ecosistémicas, así como para analizar el progreso del proyecto.
  5. Sensibilización pública y difusión de los resultados. Estas acciones incluyen un Plan de Comunicación; diseño, elaboración e instalación de materiales y equipamientos informativos, didácticos y de sensibilización; diseño e implementación de un programa de sensibilización y difusión; edición de un boletín electrónico informativo; puesta en marcha de una página web y el establecimiento de relaciones con otros proyectos de temática similar.
  6. Gestión del proyecto. Acción relativa al proceso de gestión y coordinación del proyecto.

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